
Él:
Mi dulce amante, mi muñequita de cristal, hoy llega mi fin y que mejor lugar para mi muerte, que el cobijo de tus tiernos y suaves brazos, cerca de tu cálido pecho donde tantas veces se perdió mi boca, justo como hoy se pierde mi vida y te abandono.
Quisiera llevarte conmigo para no quedarme sólo, pero no puedo ser egoísta, cada fibra de mi te ama inmensamente y mi deseo es que sigas tu vida.
Ya comienzo a sentir el frío... abrázame fuerte muñequita de cristal, quiero quedarme dormido aquí.
Por favor, dame un ultimo beso antes que mi alma se apague y ya no te pueda sentir nunca más...
Ella:
Mi dulce príncipe oscuro, eres la energía que mueve mi vida y hoy estás aquí, agonizante entre mis brazos.
Te siento débil, frió, triste.
Tu boca apenas logra susurrarme algunas palabras.
Siento que te desvaneces, que tu alma esta a punto de irse y la verdad, quiero que la mía parta junto con ella, no creo poder soportar esta tristeza, esta ausencia de tu ser.
Sé que vivirás en mi recuerdo aunque tu presencia física se extinga en este instante, pero tengo miedo, tengo dudas, no sé si lo resista.
Lo único que sé, es que me diste la vida y ahora quisiera perderla junto contigo, no quiero estar sin ti.